Las emprendedoras detrás del furor del candy bar

Cuestiones económicas, de horario y de vocación las empujaron a tomar las riendas de su propio negocio. En medio de golosinas, chocolates y diseños personalizados, hoy manejan sus tiempos sin jefes ni mediadores.




“Palermo Dulce chocolates artesanales empezó cuando regresé de México con mi hijo de dos años. Quería tener la libertad de seguir trabajando pero cerca de él y cuidándolo”, dijo Beatriz Argüello Yofre, licenciada en Relaciones Públicas y productora de radio y TV, que se dedica a realizar chocolates y paletas de caramelo como souvenires gourmet.

Giselle Drago, diseñadora multimedial de Brócoli candy bar, también contó su experiencia: “Empecé de forma inconsciente: mi hijo mayor cumplía años y estaba fascinado con los superhéroes. No encontraba material en los cotillones y me propuse diseñarlo yo. Al mismo tiempo, en ese momento me echaban de un trabajo y vi la oportunidad de poder armar un emprendimiento propio con lo que sabía hacer”.

Luego vinieron otros trabajos tradicionales, pero las exigencias horarias no eran compatibles con las necesidades de Giselle, así que cuando consiguió un cliente fijo mensual -pero de forma freelance- decidió abocarse completamente a esto. Más tarde le llegaron propuestas de otras dos empresas que le encargan pedidos cada mes y así, más cada evento privado al que surte de sus diseños, arma su sueldo.

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